REFLEXIONES DE UN UFÓLOGO

ANUNCIO DE LA SERIE

Comienzo por decir que el título no me agrada. En primer lugar, prefiero la traducción “ovnílogo”, que me parece de todo punto de vista de recibo y correcta. La he usado en todos mis escritos y libros. 

No obstante, debo admitir que aún en España, al experto en el tema OVNI se le califica de “ufólogo”, una especie de neologismo que me resulta como el “spanglish”, hablado en Estados Unidos por los latinoamericanos incultos.

Sólo como una concesión a este incorrecto uso internacional es que uso esa palabreja.

En segundo lugar, resiento de la sigla misma “UFO”, cuyo origen conozco perfectamente bien, y cuyo contenido sigue siendo válido. Pero ha sufrido con el uso y en el ámbito popular una variante, en la que ha perdido el significado de la letra “U” equivalente a no-identificado. Así, para mucha gente hablar de “UFO” u “OVNI”, determina una inmediata asociación con nave extraterrestre, o extraterrestres.

Por eso prefiero considerarme como alguien que investiga y estudia los Fenómenos Aéreos Inusuales.

Aclarado este punto –que me parece importante—  estas Reflexiones abordarán cinco temas: 

 1) Cuándo llamar y calificar algo como “OVNI”.
 2) El Secreto; 
 3) La mercantilización,
 4) El escepticismo, 
 5) ¿Hacia dónde vamos?

Esta serie está especialmente dedicada para los ufólogos latinoamericanos recientes y a aquellos que no llevan en el tema más de 15 años.  Es por eso que estará escrita sólo en idioma español y no en inglés.

Desde ya agradezco vuestra atención y lectura,  y todo comentario que se me haga llegar.

Lic. Milton W. Hourcade

Nota: Las ideas y criterios expuestos son personales, por lo cual no representan la opinión del GEFAI.

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¿CUÁNDO LLAMAR Y CALIFICAR ALGO COMO OVNI?  Por el Lic. Milton W. Hourcade

 Muchas cosas, ideas, conceptos, etc. no hallan su real sentido si no se colocan en su contexto.

El contexto del tema OVNI es la Guerra Fría. 
 
No ha de sorprender entonces que el Capitán Edward J. Ruppelt, a la sazón al frente del Project Blue Book de la Fuerza Aérea de Estados Unidos –el organismo encargado de recolectar y procesar las denuncias de cosas extrañas vistas en el cielo—optara por crear en 1952 la sigla U.F.O. que se lee como “you foe”, o sea, “tú, enemigo”. 

Porque el verdadero interés que tenía el Blue Book no era otro que el de poder determinar si alguna de las cosas que la gente denunciaba, podían terminar siendo artefactos de espionaje o ataque de la entonces Unión Soviética.

Por otra parte, había que salir de la ridícula denominación de “platos voladores” o “platillos volantes” que si bien prendió como un arquetipo (entró de lleno a manifestarse el principio de la gestalt) no obstante, ni siquiera respondía a lo visto inicialmente por Kenneth Arnold, en su observación del 24 de Junio de 1947 que abriera la “era de los platillos volantes”.

Acuñada la sigla O.V.N.I. en su traducción al español, ha sido por décadas de uso consensuado que la misma se refería a aquello que originalmente denunciado como algo extraño, permanecía siendo tal luego de un concienzudo y adecuado estudio.

Ahora, en una pérdida total de sentido y como una expresión de enorme ignorancia, cualquier individuo se cree con derecho de proclamar que vio un “OVNI”, y –como suele suceder—subir fotos o un video a YouTube, bajo ese rótulo, que llama poderosamente la atención pero que no responde a una realidad final. Son fotos la inmensa mayoría de las cuales no han sido siquiera debidamente analizadas ni estudiadas. 

La sigla OVNI entonces es usada al voleo, sin cumplir ningún requisito.

Pero lo peor que está sucediendo, y por eso me preocupa, es que los llegados hace poco al tema, que pretenden asumir el carácter de Ufólogos, no se han sabido ubicar frente a la sigla, y cometen el mismo error de los ignorantes que no conocen el origen, la historia de la misma, y que no tienen el criterio formado para saber cuándo aplicar y cuándo no, la designación OVNI.

Para peor, la versión llamémosle “popular” de lo que la gente entiende por “OVNI”, debido a que se ha instilado de ex profeso la idea de lo extraterrestre, asocia inmediatamente la sigla a tal origen, entonces el OVNI se convierte en “nave extraterrestre”.

Para poner las cosas en su justo lugar, y decirlas con total claridad de modo que nadie tenga luego la excusa de que no lo sabe, voy a citar las elocuentes palabras de una autoridad mundial indiscutida en el tema, como lo fue el Astrofísico Dr. Joseph Allen Hynek , entonces Director del Centro Lindheimer de Investigación Astronómica y  Jefe del Departamento de Astronomía de la Northwestern University, quien por 22 años fuese el asesor en astronomía del Proyecto Blue Book.

Al respecto, y en diálogo con el famoso periodista y conductor del programa de televisión The Tomorrow Show, Tom Snyder, de la National Broadcasting Corporation, decía el Dr. Hynek  en 1980: 

“La U de U.F.O. significa no-identificado…pero debe ser no-identificado no sólo para la persona que lo plantea sino que debe permanecer no-identificado luego de considerable estudio. Y entonces, y sólo entonces es un U.F.O.”
Me permito recalcar esta parte final: “sólo entonces es un U.F.O.”, ergo, ¡nunca antes!

Pero ya en 1972, en su famoso libro The UFO Experience: A Scientific Inquiry el Dr. Hynek daba esta definición de U.F.O.

“…un objeto o luz visto en el cielo o sobre la tierra, cuya apariencia, trayectoria, dinámica general y conducta luminescente no sugiere una explicación lógica convencional, y que no sólo está confundiendo a los percipientes originales, sino que permanece no identificado luego de un apretado escrutinio de toda la evidencia disponible, por personas que son técnicamente capaces de hacer una identificación con sentido común, si es posible.”

Es obvio entonces que la designación de OVNI, no la dan los eventuales testigos de la observación de algo aparentemente extraño, sino que la dan “personas que son técnicamente capaces de hacer una identificación” y agrega algo que noto falta alarmantemente en muchos nuevos ufólogos, muy entusiastas en su tarea, pero nada más: “con sentido común”.

Ese sentido común que nos lleva a ser cautos, a no disparar la imaginación, a no hacer afirmaciones temerarias y a priori, a no entusiasmarnos demás, sino con los pies bien sobre la Tierra, procurar a partir de una duda lógica aplicada sistemáticamente, discernir si es posible, una explicación convencional para lo aparentemente extraño.

Ese sentido común que nos indica que en la escala de las explicaciones, debemos ir de la más a la menos posible, peldaño por peldaño.

A todo esto hay que agregar que es necesario diferenciar entre una denuncia de OVNI, el “UFO report”, al que tantas veces se refiriera el mismo Dr. Hynek, y la clasificación final de un caso, luego del debido proceso de investigación y estudio.

Necesario es señalar, que la investigación principia por una reconstrucción en el lugar de los hechos, lo más pronto posible luego de conocida la denuncia, con el registro de los testimonios presentados, mediciones lineales, angulares, eventual tomas de muestra del suelo, mediciones magnéticas, de radioactividad, etc. dependiendo de la complejidad del caso.

Luego procede la etapa de estudio, que principia por cotejar la información aportada por el o los testigos, con datos meteorológicos, astronómicos, de tráfico aéreo, actividades especiales desarrolladas en una zona (como la suelta de globos por ejemplo), y con la debida consulta a expertos en las áreas que corresponda, quienes emitirán sus opiniones, las que orientarán a los estudiosos para la evaluación final del caso, su conclusión y su clasificación según ciertos criterios que indiquen la importancia del mismo.

El destacado estudioso argentino Sr. Oscar Adolfo Uriondo, escribió hace años que la designación “OVNI” era una categoría no susceptible de reducción ulterior. 

Estoy de acuerdo con ese carácter final en la categorización de un caso, siempre que se tenga en cuenta que todo caso siempre tiene que permanecer abierto a su posible revisión, situación que puede llevar a modificar su designación de “OVNI”. 

Es siempre necesario tener la cautela y comprender que con el correr del tiempo, la ciencia puede descubrir un fenómeno natural antes desconocido o no reconocido, o que pueden llegar a poseerse datos complementarios que al momento no estuvieron disponibles. Todo ello puede determinar que a la postre, lo que se clasificó como “U.F.O” devenga en I.F.O. o sea, Objeto Volador Identificado.

 Virginia, Abril 13 de 2013.

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 EL SECRETO
Por el Lic. Milton W. Hourcade

Comencemos por una verdad incontrastable: todos a nivel personal tenemos y guardamos secretos. Quien diga que no, miente.

Si ello sucede en la individualidad, ¿cómo no habría de acontecer el los países?

Es natural que así suceda, y no debe sorprender a nadie.

Ahora bien, quienes están en el tema OVNI, se abrogan el derecho de exigir que diversos países que han tenido o tienen investigación oficial del tema, abran los archivos y den a conocer absolutamente todo cuanto han podido llegar a saber.

Es curioso que nadie proceda así con otros secretos de Estado, mucho más importantes. No conozco grupo u organización alguna, que solicite a los países que revelen información militar, de acuerdos diplomáticos, o de reserva de minerales estratégicos, etc. etc.

Nadie se inquieta ni pregunta por esas cosas. ¿Por qué?, simplemente porque se sabe que las mismas no van a ser reveladas, ni pueden serlo. A cada país le va su propia seguridad, en muchos aspectos.

Pero con el tema OVNI curiosamente parece que fuera tan trivial, que hay gente que cree que puede reclamar y pide que se levante el secreto y se dé a conocer lo que se ha llegado a saber oficialmente.

Aquí hay que descubrir al cangrejo que está debajo de la piedra: y ese cangrejo se llama: creencia en los extraterrestres.

Porque quienes quieren que se conozca todo –supuesto aún no se hubiese revelado--  en realidad demandan la apertura de archivos con la esperanza, --o aún peor—la convicción de que si ello se hace, quedaría demostrado que los extraterrestres han llegado a la Tierra, están entre nosotros, y quién sabe cuántas cosas más.

No obstante, todo eso es imaginación pura. Es un supuesto sin asidero científico alguno. No se ha presentado al día de hoy una evidencia con valor científico que demuestre que el planeta Tierra es visitado permanentemente por extraterrestres en sus naves. 

Por otro lado, se pretende llegar a la conclusión, antes de la prueba. Es como poner el carro delante de los caballos.

Pero vamos a los hechos:  el Blue Book se cerró y sus archivos están íntegramente publicados en la Internet. Así también por vía de la Internet se pueden obtener documentos del FBI, de la CIA, de la NSA, de la Armada estadounidense, todos vinculados con el tema OVNI.

Si alguien quiere enterarse más de algunos aspectos poco revelados de la investigación oficial tras bambalinas, recomiendo la lectura del libro “Forbidden Science” (Ciencia Prohibida) del Dr. Jacques F. Vallée.

El GEIPAN, organismo francés de investigación y estudio del tema, abrió totalmente sus archivos de casos, los cuales están publicados en Internet. 

En España, gracias a la tenacidad de la labor cumplida por el destacado Ufólogo Vicente-Juan Ballester  Olmos, el ejército de esa nación dio a conocer también sus archivos. 

También ha abierto sus archivos Dinamarca, y en América Latina Ecuador, Brasil y parcialmente Chile y Argentina.

El Reino Unido, ha hecho en años recientes, dos extensas publicaciones de todos sus archivos referentes al tema. La primera de las cuales dio a conocer nada menos que documentos ultrasecretos, que habían circulado sólo en esferas de Inteligencia de la Real Fuerza Aérea. No fueron documentos para ser publicados, no perseguían por tanto ninguna tapadera o cobertura de algo. El famoso cover-up. Todos estos documentos también se obtienen vía Internet. 

Claro, hay que tener la paciencia de buscarlos y leerlos.

Lo más interesante de todo para mí, es que ninguno de ellos, de ningún país, revela algo sensacional, espectacular, “la bala de plata” (como dicen en Estados Unidos) que revele que la información se nos ocultó porque mostraba la presencia de extraterrestres entre nosotros.
En su momento, en pleno auge de la investigación llevada a cabo por el Blue Book en Estados Unidos (no olvidar que es la época de la Guerra Fría), dicho organismo retuvo información que no proporcionó a la prensa. 

El propio Dr. Hynek lo dijo en 1980, entrevistado por Tom Snyder en televisión:

“En mi asociación con el Proyecto Blue Book, yo sé, sé muy bien que no era un proyecto científico. También sé que ellos nunca, nunca, iban a notificar a los medios cuando surgía un caso interesante. Ellos hacían cuanto podían definitivamente para retener la información. Yo no voy a suponer que era un maquiavélico, siniestro ocultamiento o conspiración, no me gustan esos términos, pero retener documentos, sí.”

Quiero enfatizar que el verbo que usa el Dr. Hynek es to withhold que significa “retener”, no esconder, ni ocultar o tapar información.

Pero me permito recordar y subrayar, que en tanto funcionaron los proyectos Sign, Grudge y Blue Book, organizaciones privadas como NICAP; APRO, y luego el CUFOS –fundado por el Dr. J. Allen Hynek— y la MUFON, podían enterarse de denuncias de OVNI, y publicarlas in-extenso, incluso en ocasiones en que las mismas implicaron a personal e instalaciones militares. 

Algo que hasta el día de hoy no ha hecho la CRIDOVNI, de Uruguay, a pesar de que alguno de sus integrantes ha asistido a congresos donde se ha planteado el tema de la apertura de los archivos oficiales, y de haber prometido hacerlo, a dos destacados investigadores y estudiosos del tema, en una reunión privada. Me refiero al Prof. Rubén Morales (de Argentina) y al Sr. Germán Vázquez (de Uruguay).

No tiene sentido seguir una política de ocultamiento. No estoy diciendo que se publiquen los nombre de los testigos, pero al menos que se den a conocer los casos, y que los mismos se pongan a disposición completa de los investigadores y estudiosos para poder conocerlos y evaluarlos respectivamente.

Por estar contra el ocultamiento, en su oportunidad no sólo suscribí (Noviembre 12 de 2007) sino que además traduje el documento original en inglés al idioma español, titulado: Declaración Internacional al Gobierno de los Estados Unidos, presentada por la Coalición para la Libertad de Información (CFI por su sigla en inglés), en la cual la coalición solicitaba que la Fuerza Aérea o la NASA investiguen las denuncias de OVNI. 

Por la misma razón, suscribí el documento que oportunamente hiciera circular la CEFORA,  Comisión de Estudios del Fenómeno Ovni en la República Argentina, a favor de quitarles el carácter de secreto a documentos oficiales referidos al tema OVNI.

Pero reitero algo fundamental que lo constatan los propios hechos: no surge de ningún archivo oficial publicado, nada que revele que ha habido un secreto imponente capaz de cambiar el rumbo de la humanidad.

¿Ha habido secreto? Sí lo hubo. ¿Por qué?  Porque mientras se estaba tratando de conocer, evaluando las observaciones y discerniendo cuál era la naturaleza de lo observado, no se podían dar a conocer casos que podían por su información, resultar claves para una acción de un país en el campo estratégico-militar.

Tampoco podían darse a conocer detalles que pudiesen comprometer la seguridad nacional, por el mero hecho de mencionar a agentes de inteligencia que se vincularon a ciertos casos, cuya actividad en una organización determinada tenía que ser protegida.

Esas son razones válidas y de peso para mantener ciertas cosas sin revelarlas al público.

Por otro lado, en el caso específico de Estados Unidos, es harto evidente que se utilizó la ingeniosa idea de hacer creer a la gente que había artefactos aéreos extraterrestres, como una forma estupenda de ocultar los experimentos y operaciones de aparatos poco convencionales, destinados fundamentalmente a labores de espionaje. Si alguien accidentalmente veía uno de esos artefactos, era bueno persuadirle de que lo observado tal vez fuese algo procedente de otro mundo…

Asi se creó deliberadamente el mito de lo extraterrestre, que perdura hasta hoy en el inconsciente colectivo, y que entusiasma por su aura de misterio, a mucha gente.

Virginia, Abril 13 de 2013.

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  LA MERCANTILIZACIÓN   Por el Lic. Milton W. Hourcade

Desde el mismo comienzo, hubo un grupo de personas que vio el tema de los “platos voladores” como una mercancía.

Se vendían bien los artículos publicados en diarios y revistas. Se vendían bien libros. Se vendían bien las reuniones de los “contactados” en Giant Rock.

Se hacían buenos acuerdos con hoteles, para reunirles gente en “congresos” que han resultado simplemente un masaje mental trabajando la idea de los extraterrestres, porque vende bien y satisface a un sector del público que quiere que le confirmen aquello en que ya cree.

Hubo quienes algo más sofisticadamente, crearon grupos civiles de “investigación” que más que eso eran difusores del tema para un núcleo de suscriptores de sus publicaciones, lo cual era otra vez, una mercantilización del tema. 

No digo que no hubiese publicaciones serias y válidas, pero bajo ese manto, la mayoría hizo el juego a la genial idea de los “extraterrestres”. Había que gestar, sostener y ampliar  el mito. Así convino a las autoridades del momento en Estados Unidos, y luego en otros países como el Reino Unido (con bases aéreas mixtas, estadounidense-británicas), Francia, la URSS, y más recientemente China.

El mismo proceso de mercantilización llevó a que a la simple visión de objetos extraños en el cielo se le fuesen sumando variantes que cada vez les acercaran más. 

Entonces comienzan los Encuentros Cercanos, donde se habla de objetos a una distancia de apenas 150 metros de los eventuales testigos. Después se da un paso más, y aparecen los ECII, donde el ambiente, suelo, plantas, animales, pueden ser afectados. Aumentando la aproximación, aparecen los ECIII donde se ve una aparato y ocupantes (la puesta en escena se hace cada vez mejor) y finalmente (aceptado con cierta renuencia por el Dr. Hynek que creara la tipología de casos) se llega a los ECIV, donde se va a experimentar con ciertos individuos –mayormente mujeres—a través del uso de las llamadas “abducciones”.  

Y ahí van a aparecer los abductólogos, expertos en completar mediante hipnosis, el experimento o la operación cumplida, para inducir en los abducidos la historia más conveniente a fin de seguir alimentando la idea de que dichos actos reñidos con los derechos humanos,  son cometidos por “extraterrestres”.

Pero cada uno de estos pasos, de esta aproximación, aparece respaldada y de paso genera otra serie de libros, conferencias pagas, CDs, DVDs, películas producidas por Hollywood  siguiendo las directivas de quienes tienen interés en seguir fomentando el tema por razones no del todo discernibles.

Esto amplifica la mercantilización.  Una es bien directa, surge del propio país donde se creara la idea de los E.T. 

La otra es consecuencia de esta, y es la explotación que han hecho en países subsidiarios algunos bien conocidos utilizadores del tema como mercancía.

En América Latina, muy lamentablemente las personas que han mercantilizado el tema y lo han explotado obteniendo gran beneficio personal, son las más conocidas del público en general. Son las personas que han dado frecuentes conferencias para las que hay que pagar suculentas entradas.  Son las personas que editan revistas, publican libros y venden CDs and DVDs  en una producción permanente, que funciona como una verdadera maquinaria de hacer dinero.

Son las personas que disponen de suficiente dinero como para viajar por América Latina, visitando diversos países. Son quienes organizan congresos internacionales, o llevan a grupos en giras por ciertos puntos geográficos, o bien extienden la temática hacia aspectos esotéricos.

En un área aún peor, que de mi punto de vista personal linda con el delito, un embaucador que ha sido reiteradamente denunciado por sus fraudes y mentiras, es Sixto Paz Wells, quien viaja por América Latina promoviendo la secta religiosa Rahma (porque eso es en realidad), donde vende el cuento de sus viajes espaciales, de sus contactos y mensajes telepáticos recibidos de los extraterrestres a quienes prefiere llamar “hermanos del cosmos”. 

Esta persona cobra en dólares para llevar a gente crédula, a diferentes lugares geográficos donde se espera ocurran encuentros espectaculares y comunicaciones que obviamente, no tienen lugar.

Así es como el tema se ha ido usando y explotando económicamente por quienes más daño le han hecho al mismo de todo punto de vista.

Los auténticos investigadores no vivimos del tema. Jamás lo hemos explotado comercialmente. Al contrario, el tema nos ha ocasionado gastos que hemos sufragado personalmente: libros, viajes, correspondencia, etc.

Nuestras conferencias y charlas son siempre gratuitas, y llevamos al público la verdad. El fruto de nuestra dedicación y nuestro trabajo realizado con total honestidad intelectual.

No tenemos ningún interés en fomentar la fantasía, la ganas de la gente en creer en algo, la atracción que sin duda ejerce lo que se pretende misterioso o extraño.

Nuestro trabajo es otro. Es desarrollado con sinceridad, con seriedad, con respeto, buscando y difundiendo siempre cuanto hemos llegado a saber.

Virginia, Abril 15 de 2013.

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                EL ESCEPTICISMO  Por el Lic. Milton W. Hourcade

En el ámbito ufológico, tildar a alguien de “escéptico” se ha convertido con el andar del tiempo y el mal uso del término, en un insulto.

Generalmente el mismo procede de creyentes (que no investigadores ni estudiosos) del tema, para quienes los extraterrestres están desde hace tiempo entre nosotros, andan por ahí volando sus máquinas que entran y salen de la Tierra, nunca fallan (excepto cerca de la Base del  entonces Ejército del Aire en Roswell, Nuevo México), ni provocan accidentes aéreos con los miles de aviones que circulan los cielos del planeta cada día. 

Para estos creyentes, esta presencia extraterrestre es un axioma, y cualquiera que lo ponga en duda, no merece ser considerado un ufólogo. ¡A ese extremo se ha llegado!

El 16 de Diciembre de 1982, en una conferencia ante científicos y técnicos uruguayos, el Dr. Joseph Allen Hynek dijo:

“Hay cuatro razones muy buenas por las cuales la simplista hipótesis extraterrestre, parece no tener asidero. En primer lugar, si tomo una simple tarjeta y dejo que su espesor represente la distancia entra la Tierra y la Luna, entonces preguntaría:  ¿cuántas tarjetas habría que colocar, una detrás de otra, para representar la distancia a la estrella más cercana, aparte del Sol?... Vean, la gente viene y me dice:”Hemos ido a la Luna, ¿por qué ellos no pueden venir aquí?”

Resulta que si completamos esto, tenemos que seguir apilando tarjetas hasta que tengamos 30 kilómetros de tarjetas, para representar la distancia hasta la estrella más cercana, Alfa Centauri. 

Hay otras tres razones. Una es que cuando se informa de estas criaturas, parecen estar en casa en nuestra gravedad y en nuestra atmósfera. Esto parece muy extraño.

Más aun, hay sistemas de detección complejos y altamente sofisticados, nuestra DEW Line, Radares, Radares de la NORAD, y los satélites infrarrojos y los varios sistemas de reconocimiento, que hasta donde yo sé no han detectado esto en su llegada o salida.”

Respecto de la hipótesis extraterrestre, (bien llamada hipótesis, porque no es más que eso), otra indiscutida autoridad en la materia, el Dr. Jacques F. Vallée, escribió en el Journal of Scientific Exploration, Vol. 4, No. 1, pp. 105- 1 17, 1990 un artículo que tituló “Five Arguments Against the Extraterrestrial Origin of Unidentified Flying Objects” (Cinco Argumentos Contra el Origen Extraterrestre de los Objetos Voladores No Identificados) cuya lectura recomiendo especialmente.

Ambos científicos han afirmado públicamente, y yo con ellos sigo afirmando, que hay un Fenómeno que merece su consideración, investigación y estudio sobre bases científicas.

Eso excluye  las ideas a priori, las fantasías, los enfoques conspiranoicos, y toda esa anti-ciencia que circula ampliamente en la Internet.

Pero además, tenemos que volver al principio de la historia del tema en Estados Unidos, para poner las cosas en sus justos términos.

Hubo gente recalcitrante y reaccionaria, que negaba a rajatabla que alguien hubiese visto algo extraño en el cielo. Para esa gente eso no era posible, por lo tanto quien dijera algo era un estúpido, un loco, o algo así. 

Ese criterio denostador y discriminador, mereció justificadas duras críticas, ente las cuales siempre me conté.

El punto de vista de que “no puede ser, por tanto no existe”, es absolutamente antitético con el pensamiento científico.

La aproximación científica indica que el criterio correcto se plantea en estos términos: “si puede ser, hay que probarlo, hay que demostrarlo”. De ahí el fundamento para la investigación y estudio.

Han transcurrido 66 años del Caso Arnold, y aún no hemos hallado una respuesta cabal y váida, y una evidencia con indiscutible valor científico como para que no pueda ser refutada de ningún modo.

Esto tiene que llamarnos la atención. 

Los Fenómenos Aéreos Inusuales, son intrínsecamente elusivos, y por eso difíciles de aprehender. 

Pero ese escepticismo a priori, que hubo al comienzo del tema, y que sigue habiendo en algunas personas, es totalmente inaceptable.

Hay un segundo escepticismo, éste totalmente de recibo como parte del método científico.

Es el que pone en duda un testimonio hasta que el mismo se pruebe en todos sus extremos. 

Gracias a esa duda, el porcentaje de lo no-identificado se fue reduciendo cada vez más con el tiempo, y hoy día podemos decir que se ubica entre el 0,5 y el 1,5 por ciento de todas las denuncias, que de paso, son cada vez menos.

Si esa duda no existiera, no habría investigación honesta y decente. Simplemente colectaríamos las denuncias y las amplificaríamos a través de los medios disponibles, creando un caos informativo descomunal, que sólo lleva a confusión, a una natural aversión de parte de los científicos a involucrarse con el tema y a sostener un mito basado en datos no investigados, filtrados, analizados y concluidos.

A eso se dedican muchos pseudo y autotitulados “ufólogos”. Eso sólo crea lo que técnicamente se califica de ruido, y no sirve para nada.

La aplicación de la duda lógica y sistemática, el uso de la razón y el sentido común, son herramientas con las que hay que trabajar obligatoriamente para conocer realmente ante qué estamos.

Los “testigos más calificados”, personas honestas y de bien, se equivocan como cualquiera en denunciar lo que para ellos bajo ciertas circunstancias resultó extraño, cuando no lo era.

Toca a los investigadores determinar la verdadera naturaleza de lo avistado. Cuando ese trabajo se realiza con honestidad  intelectual, aplicando el método científico, es posible arribar a la explicación del 98,5 al 99,5 % de las originales denuncias de OVNI.

Diferenciar muy cuidadosamente entre el escepticismo a rajatabla de quienes niegan siquiera la posibilidad de la ocurrencia de ciertos Fenómenos Aéreos Inusuales o Anómalos, y el escepticismo funcional que tenemos que desarrollar en nuestra tarea los investigadores, es primordial para obrar con justicia.

Virginia, Abril 15 de 2013.

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¿HACIA DÓNDE VAMOS?
Por el Lic. Milton W. Hourcade

  En el ámbito ufológico internacional hay una sensación de derrota. 

Cada vez se fueron cerrando más centros y grupos de investigación privados que allá en la décadas de los años 1950 y 1960  superaban el número de 200 en todo el mundo.

Entes oficiales han cerrado también sus proyectos de investigación.

La retracción es tal que para algunos investigadores, como los españoles por ejemplo, el tema ya es cuestión de historia, queda como un fenómeno cultural a estudiar o analizar,  y como pieza de museo.

La inexistencia de denuncias de OVNI  llevó al cierre del CIOVI en Uruguay, la entidad decana del país, y una de las que por más tiempo permaneció vitalmente activa en América Latina.

Lo que hay ahora es simplemente el entretenimiento de los OVNIs cibernéticos, esos que llenan buena parte de YouTube con trucos hechos mediante gráficas de computación, y el muestrario de cualquier cosa (desde bolsas de nailon flotando en el aire, pasando por pájaros, aviones vistos a distancia, o simplemente polvo flotando cerca de la lente de las cámaras), más la baja resolución de montones de fotos tomadas con teléfonos celulares; todas rotuladas “OVNI”.

Ese material no sirve para nada, como no sea para crear confusión,  seguir manteniendo el mito de lo extraterrestre y disfrutar la credulidad de terceros.

Cuando despojamos al tema de sus aspectos míticos, y lo miramos seriamente y de frente, para encararlo científicamente, encontramos la única veta válida y posible con que seguir trabajando.

Ya no somos subsidiarios de lo dicho, escrito y divulgado desde Estados Unidos. Porque inocentemente le hicimos el juego a quienes querían alinearnos  dentro de la afirmación de lo E.T.

Suerte la nuestra que –gracias a investigadores como el Dr. León Davidson—comenzamos a tener la valiosa sospecha que detrás de la fachada E.T. se escondía otra cosa. Y al analizar y profundizar esa veta, nos encontramos con documentos oficiales muy importantes, y con lo que escribiera el Capitán Edward J. Ruppelt  --entonces Jefe del Proyecto Bluebook--,  y las inteligentes reflexiones del Dr. Vallée, y todo ello junto nos llevó a tener una postura realista sobre el tema.

Ya nadie denuncia aparatos volantes con forma de platillo en los cielos, ni aterrizajes, ni encuentro con seres de forma humana aunque pequeños. Las abducciones también se detuvieron.

La mutilación de ganado no, pero no tiene nada que ver con el fenómeno. Es otro de los tantos sucesos  que convenientemente se le adjuntan, otra vez, para tapar a quienes están cometiendo esos verdaderos atentados contra los pobres animales y contra la economía de los propietarios de los mismos.

Cuando dejamos todo eso a un lado, vamos perfilando al fenómeno en sí mismo.
Un fenómeno luminoso, predominantemente nocturno, impredecible, cuya plasticidad le permite dividirse o unirse y que se presenta transitoriamente. 

Pero, un fenómeno que tiende a repetirse en ciertas áreas del planeta. Esas áreas se transforman en lugares calientes (hot spots), adonde ahora, un grupo de cerca de 50 científicos, técnicos e investigadores privados, acuden con todo un instrumental para registrar, medir y luego analizar  lo observado.

Y esta es la tarea de punta que silenciosa pero efectivamente se está llevando a cabo.

Los investigadores actuales cuentan con medios que no se contaban en apenas décadas anteriores. Los teléfonos celulares son una verdadera red de comunicación de imágenes, sonidos y mensajes en tiempo real. 

Los mapas y fotos de internet nos permiten inmediatamente explorar desde el aire o desde tierra un determinado punto del planeta.

Estamos en otro momento de esta tarea científica. 

Ya no somos colectores de testimonios de lo que otros dicen haber visto. Somos observadores y registradores directos, pues vamos a la búsqueda del fenómeno donde éste se manifiesta reiteradamente.  

Estamos esperando que esta actividad rinda en corto plazo los frutos deseados.

Entre tanto, ¿qué hipótesis pueden manejarse para explicarlo?

Yendo de lo más simple a lo más complejo, de lo más posible al lo menos posible, la escala puede leerse así:


1    (1) Un fenómeno natural hasta ahora no estudiado adecuadamente, y por tanto no reconocido por la ciencia. (el mejor ejemplo de esto es el de los Fantasmas y Duendes, enormes formaciones plasmáticas en la alta atmósfera, que existieron y fueron denunciadas por pilotos, pero que la ciencia no las reconoció hasta 1994).

2    (2) Un fenómeno artificial creado por tecnología secreta y de punta, con propósitos de eventualmente ser utilizado como un arma altamente sofisticada, o como forma de monitorear un área.

3    (3) El producto de una exo-tecnología procedente de otra dimensión temporal o de un  universo paralelo que comparte su existencia en nuestro mismo planeta.

4    (4)El producto de una exo-tecnología que podría proceder del espacio exterior, asumiendo el carácter de sondas energéticas capaces de transmitir en tiempo real todo tipo de información sobre el planeta explorado.

Y aquí considero que agotamos la lista de hipótesis.

A esta actividad se suma también, y no es menos importante, la labor también silenciosa pero efectiva de organizaciones internacionales como el Grupo de Estudio de Fenómenos Aéreos Inusuales (GEFAI) que funciona desde Abril de 2008.

Este grupo que cuenta con científicos y técnicos en diversas disciplinas, más expertos en el tema de los F.A.I., no sólo se aboca eventualmente a investigar y estudiar alguna denuncia de OVNI que le llega, sino a analizar otros temas que nadie o casi nadie tiene en cuenta, pero que hacen al conjunto de la temática OVNI.

En tal sentido, por ejemplo se encuentra un estudio sobre ciertas actividades científico-militares desarrolladas por las potencias mundiales en las décadas de 1950  y 1960.

Otro aspecto, lindante con la psicología y la sociología, es el estudio de la “ecología del rumor” como acertadamente la llamara el periodista investigador argentino Alejandro Agostinelli  en su libro “Invasores”, pág.252.

Estos son factores que pueden llegar a explicar –desde vertientes muy distintas—aspectos que han nutrido el tema OVNI.

Esta es lo que me agrada llamar la Nueva Ufología.

En esto estamos, y seguimos comprometidos.

Virginia, Abril 15 de 2013.

  





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