URUGUAY NECESITA UNA DIRECCIÓN DE IDENTIFICACIÓN AERO-ESPACIAL (D.I.A.E.)



Hace 31 años –en 1989—escribí un pequeño opúsculo titulado “Elementos de Ovnilogía”.

Allí, en el Prefacio decía:

“Cuando el tema OVNI es despojado de toda su aura de “esotérico”, de cuestión lindante con el “ocultismo” o la “magia”, cuando los hombres y las mujeres dedicados a la Ovnilogía, saben plantarse serenamente frente a las múltiples hipótesis, y no rinden pleitesía acrítica a la Hipótesis Extra Terrestre (ETH) como única, válida y no necesaria de demostración alguna, entonces, recién entonces, están en condiciones de comenzar un diálogo y una relación fecundos, pero además imprescindibles, con profesionales universitarios, científicos y técnicos. Con institutos oficiales que son los que pueden proveer de expertos, de análisis, o de información absolutamente necesaria para dirimir las posibles explicaciones convencionales, que admita una original denuncia de OVNI.

Y hay que darse un método para el trabajo. Un método consensualmente acordado, pero acordado al fin. Que todos lo usen, para que el trabajo de cada quien resulte válido a los demás y recíprocamente.

Hay que reflexionar sobre la razón misma del quehacer ovnilógico, hay que hacer filosofía científica.

Y hay que acordar un sistema de clasificación y un sistema de valoración de los casos-OVNI; sin perjuicio, además, de hacer una ponderación sobre la mayor o menor conveniencia de seguir utilizando esa sigla, de su significado estricto y de sus limitaciones.

En resumen: hay que optimizar y expertizar toda la tarea.”

Expresados estos conceptos básicos, el primer capítulo lo titulé “La Ovnilogía como ciencia”.

Alguien podrá discutir la designación de Ovnilogía como la actividad a desarrollar, que es simplemente una traducción directa de la designación en inglés Ufology que continúa utilizándose en este Siglo XXI.

Adviértase que ya en el Prefacio hablo sobre la necesidad de “hacer una ponderación sobre la mayor o menor conveniencia de seguir utilizando esa sigla[OVNI], de su significado estricto y de sus limitaciones.”

En ese primer capítulo afirmo lo siguiente: ”Algunos autores y pensadores han puesto en duda la posibilidad de atribuir a la Ovnilogía el carácter de Ciencia. Sin embargo, a menos que asuma tal carácter, no sirve para nada”.

En esencia, no importa el nombre que le demos a la tarea. Tienen razón todos aquellos que dicen que la Ufología es una pseudo-ciencia o mero charlatanismo. Porque abrumadoramente –tanto a nivel privado como oficial—no es más que eso.

Lo que importa entonces, es que la investigación de los Fenómenos Aéreos Inusuales –como prefiero llamarles— se haga aplicando estrictamente el método científico.

Cuando ello no se hace, es cuando en el público en general se sigue manteniendo el misterio, se estimula la especulación, se generan innecesarias incertidumbres, y –para quienes así proceden—aparentemente se sigue manteniendo la justificación de lo que hacen a nivel privado u oficial. Eso es absurdo, y no sirve sino para crear confusión, desinformación y mantener un mito.

Tal vez sea menester destacar el valor intrínseco que tiene la tarea científica. Porque desde esas posturas que rayan en lo absurdo, aún se da margen para dudar de la ciencia, para descreer de la ciencia, para en cambio confiar en los charlatanes persuasivos, en los “vendedores de espejitos”, en los que comercian con el misterio, porque obtienen dinero de ello o justifican un cargo público.

Son aquellos que centran su actividad y enfatizan lo que aún no se ha explicado.

Pero eso no tiene valor alguno. Eso no sirve para nada, como no sea beneficiar de alguna manera a los individuos involucrados.

El verdadero encare del tema parte de esta base: si hablamos de fenómenos inicialmente no identificados [por los eventuales testigos], nuestra labor es la identificación. Debemos ser capaces de precisar qué fue lo que se observó y explicarlo públicamente, someter nuestro trabajo de identificación a revisión de pares y hacerlo público, porque hay además una labor de educación.

Puedo afirmar con total certidumbre que el Centro de Identificación Aero Espacial (CIAE) de la Fuerza Aérea Argentina, es un ejemplo y cumple a cabalidad con lo que debe ser esa labor de identificación.

El Comodoro (Ret.) Rubén Esteban Lianza, al frente de dicho Centro, ha escrito certeramente en Facebook:

“Un Organismo de Identificación Aeroespacial es lo mismo que un Centro de Filtraje de imágenes en tiempo de guerra.
El nuevo organismo bien podría depender del ámbito de Inteligencia dentro del sistema de Vigilancia y Control del Espacio Aéreo de la FAU, incluso con la colaboración de Universidades. Pero dependa de quien dependa o se llame como se llame, su objetivo principal debería ser el de Identificar TODO sí o sí..... y no darse el lujo de proyectar en la gente, la imagen de que dejando casos sin identificar se está "haciendo un buen trabajo". Especialmente cuando no se someten los trabajos a revisión por pares, ni se publican las conclusiones, ni mucho menos se publica el "cómo" se llegó a esas conclusiones.”

En tal sentido, y desde hace décadas, el trabajo de la llamada Comisión Receptora e Investigadora de Denuncias de OVNI (CRIDOVNI) de la Fuerza Aérea Uruguaya, es totalmente deficitario.

En primer lugar, porque no aplica el método científico ni criterios semejantes.

Sus integrantes –tanto civiles como militares—continúan pensando en extraterrestres, abren el margen a esa posibilidad, llegaron a hacer un congreso en Montevideo donde participaron “contactados” y personas pertenecientes al grupo Rama que bien se sabe corresponde al sector de cultos esotéricos.

Eso está totalmente reñido con un trabajo intelectualmente válido y serio.

En segundo lugar, porque utiliza un sistema de clasificación de los casos supuestamente investigados, que no sólo es complicado, sino absurdo.

Los hechos determinan una identificación final, y esta es o no es. Pero no cabe hablar de porcentajes dentro de las posibilidades de algo convencional o no. Eso no tiene lógica.

Un ejemplo: el 25 de Septiembre de 1975, alguien en vuelo observó un cuerpo brillante en el cielo. Estudiado el caso, un Profesor de Astronomía que asesoraba a la Comisión dictamina que la explicación del mismo es que el testigo vio al planeta Júpiter. De ello no cabe duda alguna. El dato astronómico es preciso. Y si acaso cupiera algo más, entonces el testigo podría haber declarado que veía a Júpiter pero que había otra cosa en el cielo, lo cual nunca dijo.

Sin embargo la CRIDOVNI en su sistema de clasificación, dice (y reproduzco textual de su informe): 

"Porcentaje de posibilidad de Fenómeno No Convencional: 79,5%
  Porcentaje de posibilidad de Fenómeno Convencional:       20,5%
  Porcentaje de posibilidad de Hecho Convencional:              20,5%
  Hechos Convencionales Posibles:
  Muy Probable: Júpiter" 

No es necesario enfatizar el sinsentido de semejante sistema de clasificación, pero peor aún es la incoherencia de la conclusión del caso. Era Júpiter 100% o no era Júpiter.

Pero cuando la comisión se atreve a decir que había un 79,5% de algo "no convencional", entiéndase, extraño, está dando pie para una injustificada especulación, y de paso, demuestra que sus integrantes no tienen en absoluto un criterio científico, ni serio después de todo.
 
Si para muestra basta un botón, éste es suficiente, pero habría varios más.

Esto demuestra la gran falencia de la CRIDOVNI. 


Es la misma comisión que creó la historia de que Neil Armstrong estuvo en la estancia La Aurora, cuando ello jamás sucedió. Nunca pudo presentar pruebas de tan audaz afirmación, pero un integrante civil de la comisión lo relató, y el presidente de la misma --un oficial militar-- le creyó y sostuvo públicamente semejante cuento.

Personalmente, me encargué de defenestrar tan irrisoria afirmación.

Trabajando de esa manera, la CRIDOVNI no le sirve al país, no le sirve a la F.A.U. a la que la desprestigia, no le sirve a la población, a la que no educa, y sigue innecesariamente creando confusión y desinformación.

Lo tercero que no hace la CRIDOVNI es publicar la lista completa de casos sometidos a su consideración, cuáles y cómo los ha explicado, y los resultados de ese trabajo.

Mientras Estados Unidos, el Reino Unido, España, Francia, Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Dinamarca, Argentina, etc. han desclasificado sus archivos y los han hecho públicos (Argentina presenta un informe anual), la CRIDOVNI sigue una política de ocultamiento y secreto, que no se justifica en absoluto.

No es válido decir que obra así para no revelar en público los nombres de testigos. Eso puede evitarlo, pero sí dar todos los demás detalles de un caso. Por tanto el argumento esgrimido es nada más que una excusa.

Sería bueno saber exactamente cuántos casos fueron sometidos a su consideración, cuántos investigó, cuántos pudo resolver, cuántos no, a qué conclusiones llegó y cómo llegó a las mismas.

Por eso, hay que ir a la creación de una entidad diferente que parta claramente de bases distintas.

La primera de todas, es la aplicación del método científico.

Como bien dice Nancy Atkinson en un artículo publicado en Universe Today- Space and Astronomy News [Marzo 12, 2009]:

“Ser ‘alfabeto en ciencia’ no será más una ventaja sino una absoluta necesidad. No podemos escapar a la significación de la ciencia en nuestro mundo. Pero no todos entienden esto, o han sido enseñados a pensar críticamente, o a ser provistos de las herramientas para analizar y poner a prueba un problema o situación.”

Carl Sagan, el genial científico planetario dejó en claro las garantías que ofrece la ciencia al expresar en 1980:

“La ciencia es un proceso de auto-corrección. Para ser aceptadas, nuevas ideas tienen que sobrevivir los más rigurosos estándares de evidencia y escrutinio.”

Y por último, el Físico Neil deGrasse Tyson, lo ha expresado diáfanamente, y se aplica al caso de los que llamaría “ufólogos estándar”, esos que siguen refiriéndose a extraterrestres, que afirman sueltos de cuerpo que están entre nosotros, que se disputan entre sí la cantidad de razas que cohabitan nuestro planeta y que simplemente acumulan cifras de cuatro o más dígitos respecto de la cantidad de denuncias de personas que creen haber visto algo extraño, pero nunca se refieren específicamente a casos adecuadamente investigados y concluidos, porque las cifras caerían estrepitosamente.

Ha dicho deGrasse Tyson:

“La ciencia es una vacuna contra la ignorancia.”

En otras palabras, la ignorancia se combate con ciencia. Los estereotipos caen ante la ciencia. La verdad es lo único que cuenta y vale.

La aplicación sistemática de la duda y el rasero de Ockham (u Occam), son las herramientas básicas de una postura desde la cual trabajar para arribar a la verdad de lo ocurrido en un acontecimiento dado.

Afortunadamente, la investigación en el campo de los UAPs, cuenta hoy con una variedad de excelentes programas de computación que facilitan enormemente la tarea de identificación.

Obviamente hay que saber cuáles son y aprender a usarlos, pero están ahí, al servicio de todos quienes a nivel oficial o privado deseen realizar una auténtica y válida tarea de investigación, análisis y conclusión de casos.

Eso es lo que hace la CIAE en la Argentina.


Eso es lo que tiene que hacer una DIAE en Uruguay.

Pero hay que crear ese organismo competente. Puede ser dentro de Inteligencia de la Fuerza Aérea Uruguaya (como lo sugiere el Com. Lianza), pero puede ser en la Facultad de Ciencias como parte de su programa de Investigación.

Respecto de la primera alternativa, el ejemplo lo da la CIAE (antes CEFAE) de la Fuerza Aérea Argentina.

Ejemplo de lo segundo lo da el GEIPAN (creador –dicho sea de paso— del programa por computación IPACO para el análisis de fotografías). El Grupo de Estudios y de

Informaciones sobre los Fenómenos Aeroespaciales No-Identificados [única entidad en el mundo netamente científica dedicada al tema] depende del CNES (el Centro Nacional de Estudios Espaciales), comparable a la NASA, en Francia.

Tiendo a pensar que el ámbito más adecuado sea el de la F.A.U., con la participación de profesionales universitarios y técnicos en manejo de programas de computación.

Porque en ayuda a la tarea, actualmente se cuenta con tecnología que prácticamente no había cuando se creó la CRIDOVNI, pero que tampoco –hasta donde sé-- utiliza en la actualidad. Si así fuese, sus resultados serían muy diferentes.

Como se expresa en la página web Study.com al referirse al binomio ciencia-tecnología:

“Ciencia y Tecnología están relacionadas no sólo porque la tecnología es la aplicación de la ciencia, sino también porque la tecnología se puede usar para hacer ciencia.”

Alguien podría llegar a pensar ¿para qué crear un organismo nuevo si ya está la CRIDOVNI, simplemente cambiemos su personal –que ha demostrado cabalmente su ineficiencia—y apliquemos los nuevos criterios?. Pero ocurre que el nombre mismo de la comisión resulta antitético al cometido que ella tiene que tener, entonces hay que cambiarle también el nombre.

Además, y fundamentalmente, tiene que integrar el organismo nuevo personal, con sólida formación científica, con pericia en el manejo de la nueva tecnología y con conocimiento del tema de los Fenómenos Aéreos Inusuales en general.

Ello es posible. Hay que hacerlo. Cuanto antes, mejor.

Milton W. Hourcade
Montevideo, enero 21 de 2020.


Nota: Personalmente tengo un gran respeto por la Fuerza Aérea Uruguaya donde he cosechado buenos amigos. Un tiempo después de la creación del CIOVI y hasta la creación de la CRIDOVNI, la relación entre la FAU y el Centro fue de excelente colaboración. Todo el producto de la labor de investigación del CIOVI iba con copia a la Fuerza Aérea quien brindaba su apoyo en información técnica, vuelos, etc. 
El apoyo que la F.A.U. brindó al CIOVI fue invalorable.

Lamentablemente esta relación se alteró con la creación sorpresiva e inconsulta de la CRIDOVNI, instigada en parte por los miembros civiles de la Comisión alguno de los cuales continúa hasta el presente. Luego llamaron a CIOVI para integrarla, pero nuestro Centro nunca dejó de ser tal. Estableció una relación de institución a institución, y luego dejó la CRIDOVNI por la carencia de criterios lógicos y aceptables con que trabajaban sus integrantes civiles.

La CRIDOVNI se inicó bajo el llamado "gobierno cívico-militar", tal vez esto en parte explique su origen.

Cuando en 2008 el CIOVI dejó de estar activo, recibió una conceptuosa nota de la F.A.U., y habiendo solicitado una entrevista en el Comando, fue recibido por el Coronel José Pérez Ordóñez, donde integrantes del Centro manifestaron estar a la orden si se necesitaba investigación o asesoramiento. Nunca luego de ello fuimos convocados pero siempre quedamos dispuestos a colaborar. El Cnel. Pérez Ordóñez fue en todo momento muy amable en recibirnos y en tener un agradable diálogo.

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